Altas capacidades y educación del talento

Altas capacidades y educación del talento
Autor: Roberto Ranz Torrejón
Coordinador del Equipo de Orientación del Colegio Marista Liceo Castilla de Burgos. Director del proyecto Stem Talent Girl. Director de Talentia for the World y coordinador del programa UBUTalent

Quiénes son los alumnos más capaces

Quisiéramos comenzar este artículo respondiendo de una manera científica, global e integral a esta pregunta fundamental: ¿quiénes son los alumnos con altas capacidades? Si eres profesor seguro que has conocido a lo largo de tu trayectoria profesional a alguno de ellos. Desde un punto de vista meramente “estadístico” o “administrativo”, los alumnos con altas capacidades son estudiantes que han sido validados y reconocidos por la administración educativa como alumnos con necesidades educativas especiales a partir de ciertos criterios -no siempre homogéneos ni científicamente contrastados.

Bajo este enfoque, puramente cuantitativo, subyace la mayoría de las veces el supuesto -todavía muy extendido en España- de que los alumnos más capaces son aquellos que obtienen una puntuación de cociente intelectual (CI) de 130 o superior tras la aplicación de un test de inteligencia -WISC o similares. Lo dramático de la situación es que, más allá de dar o no carta de naturaleza a esta definición restrictiva de la alta capacidad a partir del criterio exclusivo de un CI igual o superior a 130, nos encontramos con el hecho abrumador de que en España todavía están sin identificar cerca del 99% de los alumnos con altas capacidades.

El supuesto de que un alto CI (130 o superior) es sinónimo de tener altas capacidades ha sido el punto de vista predominante sobre este fenómeno a lo largo del siglo XX, tanto en el ámbito de la psicología como de la educación. Sin embargo, nos hemos adentrado ya en un nuevo milenio y hemos aprendido mucho y rápido de la investigación en el campo de la psicología evolutiva, la neurociencia cognitiva y el desarrollo del talento.

La  mayoría de los autores más  relevantes en el campo de las altas capacidades está de acuerdo a la hora de afirmar que los alumnos que manifiestan altas capacidades en el ámbito académico representan del 3-5% al 10-15% (el rango exacto varía en función de cada autor) de los alumnos de su misma edad y curso si los comparamos entre sí a nivel de aptitudes intelectuales, desempeño en uno o más dominios académicos y producción creativa.

A continuación presentamos una serie de definiciones operativas de la alta capacidad con el fin de responder a la pregunta con la que comenzábamos este artículo: quiénes son los alumnos más capaces. Estas definiciones se basan en el modelo tripartito de la alta capacidad del profesor Steven Pfeiffer.

“Alumnos con altas capacidades son aquellos que -cuando los comparamos con otros estudiantes de su misma edad, experiencia y oportunidades- muestran una mayor probabilidad de alcanzar logros extraordinarios o sobresalientes en uno o más dominios culturalmente valiosos para una sociedad determinada” (Pfeiffer, 2013).

Acorde a esta definición, un alumno con altas capacidades puede serlo en cualquiera de los diversos dominios culturalmente valiosos para una sociedad, por ejemplo, el ámbito académico, el deporte, las artes, la ciencia, la innovación, el liderazgo, el emprendimiento o incluso su servicio y solidaridad hacia la comunidad.

Esta definición de los alumnos con altas capacidades que acabamos de citar pone el foco en que estos estudiantes pueden llegar a mostrar con mayor probabilidad niveles extraordinarios de rendimiento en uno o más dominios culturalmente valiosos si los comparamos con otros niños de la misma edad y con las mismas oportunidades

Presentamos a continuación una segunda definición que describe a los que denominamos como estudiantes académicamente dotados. Esta segunda definición de la alta capacidad se focaliza de manera intencional en el rendimiento académico en la escuela:

“Los alumnos académicamente dotados demuestran un rendimiento sobresaliente o evidencian un potencial para sobresalir a nivel de rendimiento académico en comparación con otros alumnos de su misma edad, experiencia y oportunidades… y un afán de sobresalir en uno o más dominios académicos. Los alumnos académicamente dotados son susceptibles de beneficiarse con provecho de programas educativos especiales y otros recursos, sobre todo si están alineados con su perfil específico de aptitudes e intereses” (Pfeiffer, 2013).

Con frecuencia, las necesidades educativas de los alumnos más capaces no son atendidas adecuadamente en la clase o en la escuela, y muchas veces estos alumnos requieren programas especializados, servicios u otras actividades específicas fuera del aula al no existir recursos y programas para el desarrollo del talento en los propios centros educativos. Esto no siempre es así, pero ocurre en la mayor parte de las ocasiones.

Estas apreciaciones y matizaciones  nos conducen ya a la razón primordial que justifica la existencia de protocolos de identificación y evaluación de los alumnos con altas capacidades en las escuelas: determinar si y en qué medida un alumno presenta, bien aptitudes intelectuales sobresalientes, bien un rendimiento académico sobresaliente o bien el potencial para alcanzar un rendimiento académico sobresaliente, todos ellos indicadores que con frecuencia llevan aparejada la necesidad de recursos o programas educativos específicos.

¿Deberíamos identificar a los alumnos más capaces?

El valor añadido de la identificación y evaluación del alumnado con altas capacidades es inmenso para el futuro de una sociedad en su conjunto. Más aún. Propongo una tesis todavía más radical: la identificación del alumnado con altas capacidades debería ser sistemática, proactiva y recurrente, haciéndose extensiva a la evaluación de las aptitudes y competencias de todo el alumnado.

Por otro lado, y de modo similar a los procedimientos que se utilizan en la mayoría de los deportes de élite y en los procesos de selección para acceder a programas artísticos o musicales, los alumnos con altas capacidades deberían ser reevaluados al menos cada dos años para demostrar un nivel de rendimiento continuo y creciente a la hora de afrontar retos o desafíos académicos cada vez más complejos y exigentes. Estos procesos de evaluación deberían estar abiertos a la participación de aquellos alumnos que todavía no han sido identificados hasta la fecha como alumnos de altas capacidades.

Objetivos de los programas de identificación de las altas capacidades

El objetivo fundamental de la identificación del alumnado con altas capacidades es reconocer y atender a aquellos alumnos con aptitudes excepcionales y con potencial para ser excelentes y que de forma habitual necesitan programas educativos específicos. No obstante, existen otras razones para la identificación y evaluación del alumnado con altas capacidades:

  • Obtener datos para la admisión en programas específicos para el desarrollo del talento.
  • Comprender las fortalezas y debilidades de un niño excepcionalmente brillante o determinar el grado de la alta capacidad.
  • Evaluar el crecimiento en áreas como la creatividad o el pensamiento crítico con las implicaciones que ello conlleva a nivel de adaptaciones curriculares, modificación del currículo o  evaluación del propio programa.
  • Ayudar en el diagnóstico de alumnos con posible doble excepcionalidad.
  • Discernir qué factores pueden contribuir potencialmente a bajo un rendimiento o baja motivación.
  • Determinar el grado o curso adecuado para un determinado alumno, y ayudar en la toma de decisiones relacionada con el proceso de aceleración curricular.

 

Programas para el desarrollo del talento

Los programas para el desarrollo del talento dirigidos a los alumnos más capaces deberían responder a las necesidades de aprendizaje específicas de estos estudiantes y deberían estar alineados con la literatura científica en el campo de la educación del talento, los estándares de rendimiento y las respectivas legislaciones nacionales. La identificación y evaluación del alumnado con altas capacidades siempre debería tener en cuenta el tipo de programas, servicios y recursos que se ofrecen a nivel local y provincial así como aquellos otros disponibles on line.

De no ser así, la identificación y evaluación del alumnado más capaz puede quedar reducida a un ejercicio intelectual por el que simplemente se le asigna la etiqueta de “alumno con altas capacidades”, sin llevar aparejada respuesta educativa real alguna para dicho alumno en forma de incorporación a un programa específico, de modificación del currículo o del proceso de instrucción. Cuando la evaluación del alumnado con altas capacidades (y por ende su validación por parte de la administración educativa) está asociada a su incorporación a un programa específico y de calidad  para el desarrollo del talento -caracterizado por su rigor académico, por un currículo con mayor nivel de desafío, y enriquecido a nivel competencial con habilidades analíticas y de pensamiento crítico, bien en el aula ordinaria o fuera de ella- en tal caso se materializa un beneficio real no solo para todos los niños y jóvenes sino para la sociedad en su conjunto.

Muchos de los niños y jóvenes que se sitúan en la parte superior de la curva normal de distribución de la inteligencia (ya sea en el 5, 10 o incluso el 20% superior) tendrán una influencia profunda en nuestra cultura, economía, instituciones y calidad de vida en el futuro.

En resumen, nos jugamos mucho como sociedad en función de cómo sean nuestros procedimientos de identificación y desarrollo del talento de nuestros alumnos más capaces.

Bibliografía y más información

> Pfeiffer, S. I. (2013). Serving the gifted: Evidence-based clinical and psychoeducational practice. New York: Routledge.

> Página web de Roberto Ranz

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