Antonio Guerra: “Si responde a la demandas de las familias la escuela concertada católica seguirá teniendo mucho sentido y un gran futuro”

Antonio Guerra: “Si responde a la demandas de las familias la escuela concertada católica seguirá teniendo mucho sentido y un gran futuro”

Antonio Guerra, el que fuera Secretario Autonómico de Escuelas Católicas Castilla y León durante ocho años, se marcha tras realizar una gran labor con la patronal de centros concertados católicos. Guerra abandona Escuelas Católicas Castilla y León después de 15 años de trabajo en la organización, ocho de ellos como Secretario Autonómico. Deja un legado de concordia y paz social, con objetivos cumplidos incluso durante la grave crisis económica. Pero también deja muchas demandas por alcanzar para la educación católica. En su adiós hace balance de su periodo en la organización.

Antonio Guerra se incorpora a Escuelas Católicas Castilla y León en 2003, al departamento pedagógico. De 2007 a 2008 fue Secretario Autonómico Adjunto, ayudando a Gregorio de Frutos, y Secretario Autonómico de 2008 a 2016, para cerrar su trayectoria en la organización con dos años de nuevo como adjunto del Secretario Autonómico Leandro Roldán, de 2016 a 2018.

¿Qué situación se encontró cuando llegó a Escuelas Católicas? ¿Cuál fue su planteamiento inicial?

Ya se habían hecho cambios con el anterior Secretario Autonómico, Gregorio de Frutos, que quiso centralizar aún más la organización. Creo que fue positivo para dar más fuerza la estructura autonómica..

Cuando yo llegué ya se hacían labores de formación y de negociación con la instituciones y diferentes estructuras, pero mi planteamiento inicial fue reforzar la gestión y negociación con la Consejería de Educación, al igual que reforzar el diálogo con otras estructuras administrativas como sindicatos, patronales y obispados. Una de las primeras decisiones que tomé fue iniciar relaciones con todos ellos.

Otro aspecto que me pareció esencial fue el conocimiento de los centros afiliados. Por eso visité todos ellos para conocer de cerca cada uno, su contexto, su estructura, sus problemas, su equipo directivo… era importante para conocer la realidad.

Durante su permanencia en Escuelas Católicas ha atravesado quizá uno de los momentos más duros de la educación con la crisis económica. ¿Cómo afectó aquella situación?

Haciendo balance creo que la lealtad de los afiliados fue lo más importante. Algo que se ha logrado en estos últimos años es generar conciencia de que todos formamos parte de un todo y dar importancia a lo que nos une a todos. Siempre he marcado esas prioridades para conseguir que los centros fueran fieles y coherentes en los momentos duros para que nadie se desmarcara en beneficio suyo.

Me ha tocado pasar por épocas de vacas gordas y otra época de crisis económica muy dura. De gestionar asuntos con la Consejería con normalidad tuvimos que pasar a afrontar problemas difíciles, con los recortes que llegaron con la crisis. Pero la totalidad de los centros afiliados supieron aguantar. Hubo reacciones lógicas de dolor a los que sufrieron las consecuencias, pero en general se aguantó. En estos años también hubo cambios de legislación, y otros cambios menores que supusieron reestructuración de centros, profesorado o gestión.

Escuelas Católicas Castilla y León en Salamanca

Antonio Guerra, Secretario Autonómico de Escuelas Católicas Castilla y León, y Jose Antonio Valverde, presidente de Escuelas Católicas CyL en Salamanca.

¿En su balance final con qué aspectos le gustaría quedarse?

Con la imagen y los esfuerzos que se han hecho por tener presencia y reconocimiento social. Ya se estaban trabajando pero se ha dado un empujón con los cambios realizados en web, de mayor presencia en redes sociales y medios de comunicación, con más acciones puntuales como los Premios Escuelas Católicas Castilla y León y el Día de Escuelas Católicas. Los afiliados también perciben que somos alguien en la educación de la Comunidad.

Otra cosa es que siempre he defendido la escuela católica y la concertada en mis mensajes. Nunca me he metido con otras estructuras como la escuela pública porque no tiene ningún sentido. Sigo reconociendo el trabajo de la pública, que es muy bueno. Somos redes complementarias y gracias a la libertad de creación de centros y de elección de centros se permite que existan las dos.

¿Cómo cree que han evolucionado los centros educativos católicos durante su permanencia en Escuelas Católicas?

En Castilla y León hay una presencia significativa de centros concertados católicos y cuentan con un reconocimiento amplio de la sociedad por su calidad. Se nota en la demanda de las familias. Además, nuestros alumnos tienen buenos resultados en evaluaciones de diagnóstico tanto en las pruebas autonómicas, nacionales o internacionales. Nuestros alumnos suelen obtener una puntuación un poco por encima de los alumnos de la pública, pero el margen de diferencia entre ambos es muy pequeño y no significativo ya que también existe un alto nivel de equidad entre ambas redes.

¿Qué proyecto o ganancia política le hubiera gustado completar y no pudo hacerlo?

En Castilla y León hay que hacer un estudio de ratios de profesorado por unidad porque la realidad que existe en nuestros centros es muy diversa. No se ha establecido una ratio por norma, sino la básica de la ley de educación, pero no se ha hecho como en otras comunidades autónomas que determinaron un número de recursos humanos de profesores por aula por encima de lo que establecía la ley general.

Otro tema que siempre hemos demandado es el aumento de la partida de otros gastos. La que se refiere a elementos nos docentes, para el PAS, gastos de mantenimiento y funcionamiento. Nunca se ha incrementado, a diferencia de otras comunidades. Es una partida claramente deficitaria, y ni siquiera aplicando la subida del IPC, que no se ha hecho, sería suficiente. No cumple para desarrollar una educación con los niveles de gratuidad que deberían existir.

Antonio Guerra, durante una entrevista para televisión.

También ha compartido problemas y debates con muchos dirigentes de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León. ¿Qué balance realiza de esta relación?

Positivo. Creo que he sido leal en los planteamientos y en las decisiones que tomábamos conjuntamente. Han sido legislaturas muy diferentes, pero en todo momento he dicho y criticado lo que Escuelas Católicas tenía que decir y criticar. Sin embargo, también fuimos leales y aguantamos los momentos duros. Ha habido un trabajo conjunto positivo, con discrepancias, con cosas en el haber y en el debe y con cosas que aún faltan por cumplir. Creo que la Consejería ha trabajado con coherencia y fidelidad y con ella se ha tenido siempre una posibilidad de comunicación y trabajo fluida. Nunca se me han cerrado puertas.

Si hacemos balance de la crisis comparando con otras comunidades hay que reconocer que la Consejería de Educación de Castilla y León, tanto en el sector público como en el privado, ha intentado minimizar los costes que podrían tener una aplicación estricta de la normativa nacional. Por ejemplo, me parece racional que para mantener unidades concertadas se haya utilizado la referencia de ratio de alumnos que hay en los centros públicos de la zona. No todas las comunidades autónomas lo han hecho y eso hay que reconocerlo.

La Consejería de Educación pone como límite para la concertada el 30% del alumnado de Castilla y León ¿Cree que esta barrera puede cortar el crecimiento de la escuela católica o sin embargo puede ser positivo?

No está puesto normativamente pero la realidad es contundente y estamos en esas cifras del 30% aproximadamente. Siempre he dicho que muchos de nuestros centros no tienen una capacidad de crecimiento mucho mayor. Por dos realidades: la realidad física del centro, por las inversiones que habría que hacer, y que las instituciones que están detrás de nuestros centros no tienen una gran capacidad para desarrollar una actividad mayor. Y también es una razón contundente la demografía, que no permite aventurarse en una expansión grande.

En todos estos años no ha habido cambios significativos entre la red pública y la concertada. Las variaciones de alumnado han sido pequeñas. Puede haber habido cierre de centros, en los dos sectores, pero esos alumnos se han repartido en centros públicos y concertados, se han asumido porque la ratios no llegaban a la máxima o se han generado unidades nuevas. Ha habido pocas variaciones de unidades, sí en centros. Hemos perdido presencia en zonas rurales, pero la demografía en Castilla y León en estas zonas es la que es.

El futuro de la educación concertada. “El gran problema que tenemos no es un posible cambio de la Constitución, que reconoce su existencia, sino que los grandes partidos no son capaces de hacer pactos de estado en temas cruciales como la educación. Creo que la Constitución nos puede defender y es un marco que puede tener permanencia. Pero nuestra posible debilidad llegará por cuestiones internas. Debemos trabajar bien y dar respuestas a la necesidades educativas que plantean alumnos y familias en cada momento. Si hacemos eso seguiremos teniendo demanda. Además, la sociedad se está dando cuenta de que tiene que existir una serie de valores para que todo funcione. Y nuestros centros promueven esos valores positivos: libertad, igualdad, justicia, solidaridad… Son importantes para la sociedad. Seguimos teniendo sentido y lo seguiremos teniendo si respondemos a esas demandas”.

Éxitos logrados. ”Una de las cosas de las que estoy satisfecho es el haber conseguido el acuerdo de centros en crisis, firmado por tres partes: patronales, sindicatos y administración, que hicieron un gran esfuerzo. Un acuerdo que ha servido para el mantenimiento de empleo del profesorado y para un posible incremento en recursos humanos en centros concertados”.

Enfrentamiento pública y concertada. “Uno de mis objetivos siempre fue defender quiénes somos y lo que hacemos. Independientemente de que haya colectivos que defienden otras opciones. Pero en Castilla y León hay una cierta situación de respeto y paz”.

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