Colegio Jesús y María (Valladolid), talleres de impresión en 3D

Colegio Jesús y María (Valladolid), talleres de impresión en 3D

El centro vallisoletano Jesús y María organiza talleres de impresión en 3D con el grupo Insisoc y la empresa Dima 3D como nuevo método de aprendizaje.

Texto del reportaje aparecido en el diario ABC: El futuro escolar ya está impreso en tres dimensiones

Pese a que son las 9 de la mañana y que es un sábado frío de otoño, más de una quincena de alumnos de ESO están puntuales en el aula de informática del Colegio Jesús y María de Valladolid. No asisten a una clase habitual, van a aprender a diseñar por ordenador piezas que luego se harán realidad con una impresora 3D allí mismo y gracias a su trabajo. Se trata de uno de los talleres extraescolares que este colegio ha puesto en marcha este curso y que se prolongarán hasta diciembre para alumnos de altas capacidades o con un elevado rendimiento académico.

Estos talleres son una continuación del proyecto de educación del talento que puso en marcha este centro educativo como una forma de motivar a este alumnado y potenciar sus ganas de aprender porque, como señala el director del Colegio Jesús y María, Eduardo Herranz Calle, «el 40% de estos alumnos de altas capacidades sufren fracaso escolar, que es una auténtica barbaridad», porque el sistema educativo no siempre ha sabido dar respuesta a las necesidades educativas que presentan y «uno de los tópicos que se ha grabado a fuego en muchas ocasiones es nos ocupamos de los que van más retrasados, que estos alumnos ya saldrán adelante por sí mismos», comenta Herranz Calle.

Cuatro alumnos de la Universidad de Valladolid imparten estos talleres, gracias a la colaboración del grupo de investigación Insisoc -grupo calificado como «de excelencia» por la Junta de Castilla y León y dedicado a la investigación de sistemas sociales complejos que se encuentra situado en el Centro de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico de la UVA- y la empresa DIMA 3D, instalada en Centro de Transferencia de Tecnologías Aplicadas de la Universidad de Valladolid y dedicada a la impresión 3D. Además, esta empresa es la que cede las impresoras que usan los escolares.

Adolfo López, catedrático de Organización de Empresas en la Escuela de Ingenierías Industriales de la UVA y miembro de Insisoc, explica que han ayudado al colegio vallisoletano a diseñar la propuesta de estos talleres y cómo elaborar esas actividades curriculares de cara a «conseguir competencias y perfiles profesionales determinados» en un campo que ofrece tantas posibilidades presentes y futuras como el de la impresión en tres dimensiones.

Los cuarenta alumnos que acuden al Colegio Jesús y María a estos talleres este año proceden de distintos centros educativos de Valladolid, públicos y privados concertados (el pasado año acudieron a estos talleres alumnos de trece centros), y lo hacen tras tener un primer dictamen de alta capacidad o una media de notable en el curso anterior. El enlace es el de los orientadores de los centros que tienen alumnos de este tipo y que recomiendan esta actividad.

Herranz Calle asegura que «la idea es ser capaces de llevar a su campo de interés lo que antes parecía puro estudio, como las matemáticas o la física» y que actualmente «se nota más motivación en estos alumnos» porque las actividades captan esa atención, frente a las clases tradicionales, «en las que el sistema de aprendizaje es más repetitivo y memorístico». «Se trata de romper esa dinámica», dice el director del «Jesús y María».

Como un juego

Los alumnos trabajan las matemáticas y la física, el diseño y la creatividad, dirigidos por los alumnos de la UVA. Así, Miguel Ampudia, alumno de Ingeniería Mecánica en la Universidad vallisoletana, les orienta para manejarse en los primeros pasos que darán con el programa informático que les permitirá hacer el diseño que luego se imprimirá. Entre hexágonos y rectángulos, líneas rectas y croquis, escáneres y ordenadores, aprenden matemáticas y física, pero también química, porque también se habla de materiales. Y todo como un juego. «Estas clases y poder trabajar con ellos es una gozada», explica otro de los alumnos universitarios que colabora en la actividad,Samuel Ureta Posadas, quien estudia Ingeniería de Telecomunicaciones.

Mientras pone a punto las impresoras 3D, disfruta contando que estos alumnos «preguntan por todo, demuestran mucha curiosidad» y que «a mí me hubiera gustado tener estos talleres cuando tenía su edad; me dan un poco de envidia».

Adolfo López apunta las ventajas que esta formación tiene para los alumnos, puesto que «la impresión 3D es una realidad que va a tener un enorme impacto social, desde el ámbito educativo a su poder de transformar el modelo productivo o los negocios tradicionales». Considera, en este sentido, que los niños, «si viven con esta tecnología desde pequeños, lo que aprendan les va a ser muy útil para el futuro», teniendo en cuenta que hoy, el 30% de las ofertas de trabajo para ingenieros piden conocimientos de 3D. Y es que países como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido están fomentando que sus centros educativos incorporen la impresión como medio de mejora educativa, y los usos de esta tecnología son cada vez más habituales: desde la realización de prototipos a piezas funcionales realizadas a medida y con las especificaciones del cliente, a moldes de joyería, maquetas de construcción, plantillas, piezas artísticas, etc.

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