El proyecto del Colegio Compañía de María de Valladolid nació a partir de una pregunta planteada en clase: ¿Dónde van los globos de helio? Diez años después, la iniciativa ha generado 20 cuadernillos, un libro quinquenario, 190 píldoras divulgativas y 42 episodios especiales de pódcast.
“El Laboratorio de Hipótesis», del Colegio Compañía de María de Valladolid, es un proyecto educativo que nació en las clases de Física de 2º de Bachillerato y de Física y Química de 1º de Bachillerato con el objetivo de ayudar a los alumnos a transformar la información en conocimiento comprendido.
El proyecto del Colegio Compañía de María de Valladolid, reconocido con un accésit en los Premios de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa 2026, cumple una década transformando la curiosidad científica en aprendizaje profundo, divulgación y comunicación. El proyecto ha sido impulsado y coordinado por el docente Carmelo Melero Camarero, profesor de Física y de Física y Química.
Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿dónde van los globos de helio? La respuesta podía encontrarse en apenas unos segundos en cualquier buscador. Sin embargo, aquella cuestión planteó una reflexión mucho más profunda en las aulas de Física y Química y Física del Colegio Compañía de María de Valladolid. Los alumnos podían localizar información, repetirla e incluso memorizarla, pero no siempre comprendían realmente lo que estaban leyendo ni eran capaces de explicarlo con claridad.
A partir de esa constatación nació hace diez años “El Laboratorio de Hipótesis”, una iniciativa educativa que ha terminado convirtiéndose en mucho más que un proyecto de aula. Lo que comenzó como una propuesta para fomentar la investigación y la reflexión científica se ha transformado en un auténtico ecosistema educativo donde el alumnado aprende a pensar, analizar, escribir, revisar y comunicar.
El objetivo nunca fue acumular contenidos ni desarrollar una actividad aislada. La intención era ofrecer tiempo para que los estudiantes pudieran investigar con calma, contrastar fuentes, debatir, redactar y mejorar sus producciones. En definitiva, transformar la información disponible en conocimiento comprendido e interiorizado.
Además, el proyecto surgió con la voluntad de ampliar las herramientas tradicionales de evaluación. En materias tan exigentes como Física y Química o Física, los trabajos desarrollados dentro de El Laboratorio de Hipótesis permiten valorar competencias esenciales como la comprensión lectora, la expresión escrita, la capacidad de síntesis, la comunicación oral, el pensamiento crítico o la mejora continua.




Aprender investigando, escribir para comprender
Cada trabajo parte de una pregunta científica o tecnológica que obliga al alumnado a investigar, seleccionar información fiable, contrastarla y convertirla en un texto divulgativo accesible para cualquier lector.
Pero el proceso no termina con la primera entrega. Los textos son corregidos, revisados y, en muchas ocasiones, devueltos a sus autores para una nueva mejora. La calidad final forma parte del propio aprendizaje.
Fruto de ese trabajo nacieron los cuadernillos de «El Laboratorio de Hipótesis», una publicación periódica que comenzó como una sencilla recopilación de trabajos y que, con el paso del tiempo, fue adquiriendo una dimensión cada vez mayor. Cada edición empezó a cuidarse con detalle, incorporando prólogos, colaboraciones y epílogos escritos por docentes de distintas etapas educativas.
Lo que inicialmente era una actividad vinculada a Bachillerato fue creciendo de forma natural. Profesores de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato comenzaron a participar en las publicaciones y muchos miembros de la comunidad educativa empezaron a esperar cada nuevo número. Incluso docentes ya jubilados continúan solicitando los cuadernillos curso tras curso.
Sin haber sido diseñado para ello, El Laboratorio de Hipótesis se convirtió en una de las iniciativas más reconocibles de la vida cotidiana del centro.
Dar importancia a lo que hacen los alumnos
Existe una idea que ha acompañado al proyecto desde sus inicios y que resume buena parte de su filosofía: “cuando a las cosas que hacemos les damos importancia, pueden llegar a ser importantes”.
Por eso cada cuadernillo, cada presentación pública y cada publicación se han tratado siempre como productos reales. Los alumnos comprenden que su trabajo no termina archivado en una carpeta ni reducido a una calificación, sino que puede tener una proyección auténtica más allá del aula.
Esa visión encontró una nueva dimensión en 2022 con la publicación del primer libro quinquenario, una recopilación de los trabajos realizados durante los cinco primeros años del proyecto. La presentación pública de la obra, su presencia en la Feria del Libro de Valladolid y la repercusión obtenida en distintos medios de comunicación demostraron que el conocimiento generado en el aula podía llegar mucho más lejos de lo habitual.
La inteligencia artificial plantea un nuevo reto
La llegada de la inteligencia artificial generativa en 2024 abrió nuevas preguntas educativas. Si una máquina era capaz de redactar textos aparentemente correctos en cuestión de segundos, ¿cómo comprobar que los alumnos comprendían realmente aquello que escribían?
La respuesta fue la creación del pódcast **El Laboratorio de Hipótesis**, disponible en Spotify e iVoox. Esta nueva herramienta permitió incorporar una dimensión adicional al proyecto: la comunicación oral.
Desde entonces, los estudiantes no solo investigan y escriben, sino que también explican públicamente los contenidos que han trabajado. Una propuesta alineada con la conocida idea atribuida al físico Richard Feynman: *si no lo sabes explicar, es porque no lo has entendido*.
La experiencia ha demostrado que verbalizar el conocimiento obliga a profundizar en él, reforzando la comprensión y favoreciendo un aprendizaje más significativo.
Un proyecto consolidado
Diez años después de aquella primera pregunta sobre los globos de helio, El Laboratorio de Hipótesis ha generado ya 20 cuadernillos divulgativos, un libro recopilatorio quinquenal, 190 píldoras divulgativas y 42 episodios especiales de pódcast, que acumulan más de 16.000 reproducciones.
Sin embargo, sus responsables insisten en que las cifras no son lo más importante. Lo verdaderamente valioso ha sido comprobar durante una década que los alumnos responden cuando se les ofrecen retos auténticos, tiempo para pensar y oportunidades reales para compartir lo aprendido.
Ese trabajo constante ha sido reconocido recientemente con un accésit en los Premios de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa 2026, convocados por Escuelas Católicas Castilla y León y la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid. Un galardón que distingue experiencias innovadoras capaces de mejorar la formación del alumnado mediante metodologías activas, creativas y transformadoras.
Actualmente, coincidiendo con la publicación de los cuadernillos 19 y 20, el equipo ya trabaja en un segundo volumen recopilatorio que recogerá los últimos cinco años de actividad.
Diez años después, El Laboratorio de Hipótesis sigue evolucionando. Continúa buscando respuestas, pero también ha descubierto algo quizá más importante: que cuando se ofrece al alumnado tiempo para pensar, comprender y comunicar, las preguntas terminan siendo tan valiosas como las respuestas.
Porque, al final, todo sigue girando alrededor de aquella primera pregunta. Y de muchas otras que todavía están por llegar.

