Formación Profesional: Una apuesta de presente con mucho futuro

Formación Profesional: Una apuesta de presente con mucho futuro

Nos acercamos a la realidad de la Formación Profesional en Escuelas Católicas Castilla y León. Son 37 centros educativos de nuestra red los que ofertan enseñanzas profesionales, con 41 títulos diferentes. Conocemos sus éxitos, reconocimientos y reivindicaciones más urgentes

Autor: Ángel Martín Villota

A estas alturas ya no tenemos que hacer ningún esfuerzo para convencer a nadie de la necesidad de que el personal de nuestros centros esté actualizado metodológica y competencialmente, con el fin de seguir prestando un servicio de máxima calidad, que nos permita preparar lo mejor posible a nuestro alumnado para un futuro que ahora mismo no alcanzamos ni a imaginar.

Esta necesidad, se hace mucho más palpable en los centros que imparten Formación Profesional, donde el mundo de la empresa está más próximo y presente y se hace patente el deber de adaptar nuestra oferta formativa a las necesidades de estas. Empresas que, además de los conocimientos y destrezas necesarios para desarrollar la tarea encomendada, necesitan personas con dominio de idiomas, capacidad de adaptación a los cambios, que dispongan de habilidades interpersonales (empatía, asertividad,…), capaces de trabajar en grupo, orientadas a resultados y objetivos, con visión de negocio y capacidad de liderazgo.

Las enseñanzas profesionales demandan más que ninguna otra el uso de pedagogías activas cuya base sea el aprendizaje cooperativo, facilitando  el trabajo por proyectos, simulando situaciones reales de empresas y fomentando la creatividad y el emprendimiento. 

Escuelas Católicas Castilla y León hace frente a esta demanda con una amplia oferta formativa distribuida en 37 centros educativos que imparten 32 Ciclos de Formación Profesional Básica, 74 Ciclos formativos de Grado Medio y 46 Ciclos de Grado Superior. En total, contamos con 41 títulos diferentes, que abarcan la práctica totalidad de las familias profesionales contempladas en Castilla y León.

No podemos ni queremos negar que en la actualidad vivimos un momento dulce de la Formación Profesional, ni que ésta despierte un claro interés social y mediático. También venimos observando cómo, poco a poco, se van eliminando alguno de los prejuicios relativos al perfil del alumnado que cursa este tipo de enseñanzas, lo cual es digno de agradecer.

A pesar de todo esto, que francamente reconforta, el esfuerzo que tienen que realizar nuestros centros es encomiable, pues a las carencias que todos sufrimos y conocemos en la educación obligatoria y el resto de enseñanzas postobligatorias, se unen otras muchas propias de la Formación Profesional.

No estamos hablando solo de financiación, que por supuesto es fundamental. Se trata de serias deficiencias estructurales que nos impiden realizar nuestro trabajo con la agilidad y la inmediatez que nos demanda el mercado laboral, haciendo que en ocasiones sea más resolutiva utilizar la vía de trabajo y empleo que la educativa. 

Por no hablar de la gran olvidada del sistema. Me refiero a la Orientación Educativa; inconcebible su inexistencia en la formación profesional básica e inadmisible en los ciclos de grado medio y superior por la enorme necesidad que tienen de atender y asesorar a familias, alumnado, profesorado y empresa. 

Al hilo de esto, no debemos descuidar bajo ningún concepto la formación de los tutores; tanto los del centro como los de las empresas. 

La administración educativa tiene que asumir que la FP es por naturaleza diversa, extremadamente cambiante y plural, pues ha de afrontar y dar respuesta a las competencias que exige el mundo del trabajo. Aceptar esta realidad supone crear los mecanismos adecuados para hacer que nuestros centros dispongan de un amplio margen de autonomía a todos los niveles.

El exceso de control normativo nos asfixia y ralentiza, impidiendo una ágil conexión con el mundo de la empresa. Una reglamentación que se reduzca a lo esencial y lo garantice. Que sea adaptable y flexible, atenta y respetuosa a las necesidades de la empresa y del entorno y que facilite a los centros educativos el desarrollo de proyectos e iniciativas propias, enriquecería, multiplicaría exponencialmente su alcance y dotaría de excelencia al sistema.

Reajustar nuestros ciclos para dar respuesta a la demanda y a falta de profesionales de las empresas, contratar un profesor especialista que se pueda desenvolver adecuadamente en el aula y en el taller y ajustar los contenidos a las necesidades presentes y futuras se convierte actualmente en una verdadera odisea.

Y mientras esto sucede, seguimos teniendo altas tasas de paro y continuamos generando universitarios con una supuesta sobrecualificación que no dan respuesta a las necesidades del entorno, cuando éste nos pide encarecidamente un personal técnico y cualificado que no somos capaces de generar.

Tampoco podemos entender cómo el aprendizaje de idiomas y las enseñanzas bilingües, tan presentes en el resto de etapas educativas, desaparece de ésta o pasa a un segundo plano, justo en el momento en que más le hace falta a nuestro alumnado, por estar próximos a un mercado laboral cada vez más globalizado.

Pero no nos quedemos solo con estas ideas negativas. No deseamos, ni mucho menos, lanzar un mensaje pesimista. A pesar de estos y muchos otros problemas detectados, hay algunos indicadores que nos hacen vislumbrar un futuro prometedor. El primero, y más importante de todos, es la gran necesidad de profesionales cualificados que tiene nuestra sociedad y que, además, comenzamos a ser conscientes de las tareas que debemos abordar para dar respuesta a esta necesidad.

En segundo lugar, nuestros centros ofrecen un valor añadido muy demandado por las empresas. Nuestra labor no solo se reduce a centrar nuestros esfuerzos en la adquisición de habilidades y competencias técnicas que permitan a nuestro alumnado conseguir un empleo y ser eficaces en su desempeño. Nuestro objetivo es abordar su formación de una forma integral. El mercado laboral necesita buenos profesionales y mejores personas. Y en esto último no hay quien pueda competir con nosotros.

En tercer lugar,  la Formación Profesional da respuesta como ninguna otra a la misión de gran parte de nuestros centros educativos, puesto que se convierte en un vehículo perfecto para cultivar la dimensión cristiana y social, permitiendo, como ninguna otra, contribuir a lograr una sociedad más solidaria y justa. 

Por último parece necesario seguir abriendo puertas dentro del mundo de la formación continua o permanente, puesto que, tal y como nos apuntaba Delors, todos debemos seguir aprendiendo a lo largo de nuestra vida. Nuestros Colegios han de hacer un serio esfuerzo por estar atentos a las necesidades de nuestro entorno, a las que podemos dar respuesta implementando otros caminos, dentro de la formación profesional, no reglados, presentes en el marco de los “Acuerdos de Riga para la mejora de la FP en Europa”, como son la validación de aprendizajes no formales o el reconocimiento de cualificaciones profesionales. 

Y todo esto, sin olvidar el amplio horizonte que se nos abre, tanto en la educación formal como en la no formal, con la implantación de enseñanzas a distancia.

En definitiva, somos conscientes de los grandes retos que tiene que afrontar la educación en España y de las muchas transformaciones que ésta ha de realizar para que nuestro querido alumnado pueda vivir feliz en un mundo en el que la tecnología, el saber y los modos de vida cambian a un ritmo tan trepidante que muchos de los conocimientos que adquirimos en la escuela quedan obsoletos antes de que finalicen su escolarización. 

Aunque aún queda mucho camino por recorrer, la Formación Profesional  está mucho mejor posicionada que el resto de las enseñanzas para preparar a nuestro alumnado a adaptarse a un mundo tan cambiante y dotarle de la capacidad de trabajar con personas, tecnologías y entornos diferentes.

En fin, podremos carecer de muchos medios, pero tenemos muy claro dónde queremos llegar y qué elementos tenemos que mejorar; qué caminos debemos tomar y el equipaje que debemos llevar.  

No nos cabe la menor duda de que la Formación Profesional es una opción educativa de presente con mucho futuro.

ACCIONES FUTURAS

Escuelas Católicas Castilla y León continúa con su interés por conocer y dar servicio a los centros educativos de Formación Profesional que forman parte de la red. Así, en los próximos meses está previsto convocar varias reuniones por provincias entre las distintas Confederaciones de Empresarios y los centros de Formación Profesional. El 17 de enero se celebrará la primera de estas reuniones en la Confederación Vallisoletana de Empresarios para intentar buscar una alianza que favorezca a los alumnos de nuestras aulas.

La patronal seguirá con la formación específica destinada al profesorado de Formación Profesional. Comenzamos los días 23 y 30 de enero en Valladolid con un curso de Evaluación por Competencias. Además, también se está preparando la oferta formativa de Formación Profesional por provincias para presentársela a los orientadores de nuestros centros educativos durante el próximo mes de febrero.

CAMPAÑA INFORMATIVA DE ESCUELAS CATÓLICAS CASTILLA Y LEÓN

Escuelas Católicas Castilla y León llevó a cabo dos campañas de publicidad durante el curso 2017-2018. Una durante el periodo de escolarización 2018 y otra segunda campaña en el periodo de inscripciones a centros de Formación Profesional. Así, durante el mes de junio se puso en marcha una campaña informativa de Formación Profesional en Escuelas Católicas Castilla y León. Una campaña completamente online (anuncios en medios digitales y campaña en redes sociales) para informar sobre las opciones de centros de Escuelas Católicas en Formación Profesional.

El mensaje fue: Aquí comienza tu futuro. Elige tu Formación Profesional en centros educativos de Escuelas Católicas Castilla y León. También estuvo acompañado por una campaña en redes sociales con el hashtag #Hazquesuceda. El texto se completaba con: “No solo vemos estudiantes… vemos tu potencial. Haz posible tu futuro en nuestros 37 centros educativos”.

Los objetivos de nuevo fueron aumentar la notoriedad de la marca Escuelas Católicas Castilla y León. También conocimiento, para que las familias conozcan nuestros centros, lo que ofrecemos y cómo somos. También buscamos conexión con la sociedad y consideración para convertirnos en una alternativa en momentos de decisión para que las familias elijan nuestros centros.

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