El Colegio Virgen Niña de Valladolid, ganador del Premio de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa 2026 de Escuelas Católicas Castilla y León, ha demostrado cómo el arte, la fe y la convivencia pueden convertirse en un lenguaje común capaz de unir culturas, fortalecer la identidad y construir comunidad.
El proyecto del Colegio Virgen Niña de Valladolid convierte la diversidad cultural del centro en un camino compartido a través del arte y la fe. La iniciativa nace del carisma franciscano de las Hermanas de los Sagrados Corazones y se desarrolla en un entorno educativo con 578 alumnos de orígenes diversos.
«Pinceladas que nos unen«, del Colegio Virgen Niña de Valladolid, es un proyecto educativo que nace de la identidad franciscana del centro y de su realidad cotidiana: un colegio situado en el barrio de Las Delicias, donde conviven alumnos de procedencias muy diversas.
Hay proyectos que nacen de una necesidad pedagógica. Otros surgen de una pregunta. Y algunos nacen de una forma concreta de mirar a las personas.
En el Colegio Virgen Niña de Valladolid, el origen de Pinceladas que nos unen se encuentra precisamente ahí: en la mirada educativa que las Hermanas de los Sagrados Corazones han transmitido generación tras generación. Una manera de entender la educación basada en la acogida, el acompañamiento, la paz y el respeto a cada persona. Una convicción sencilla y profunda: cada niño merece ser mirado con ternura, esperanza y confianza en sus posibilidades.
Esa forma de educar se encuentra cada día con una realidad extraordinariamente rica y diversa. Situado en el barrio de Las Delicias, uno de los entornos más multiculturales de Valladolid, el colegio reúne a 578 alumnos procedentes de muy diferentes contextos culturales y familiares. Entre ellos conviven estudiantes con raíces en trece países hispanohablantes, además de muchas otras procedencias que enriquecen la vida diaria del centro.
La diversidad forma parte del paisaje cotidiano del colegio. Está presente en los acentos, en las historias familiares, en las tradiciones y en las experiencias que cada alumno aporta a la comunidad educativa. Pero toda diversidad plantea también un reto: cómo convertir las diferencias en oportunidades de encuentro.
De esa reflexión nació Pinceladas que nos unen, un proyecto que buscaba transformar la pluralidad cultural en un camino compartido a través del arte, la fe y la experiencia comunitaria.





Mucho más que una celebración
El punto de partida fue la Fiesta de la Hispanidad, una celebración que el colegio decidió convertir en una auténtica experiencia educativa.
Aquel día, los pasillos y aulas se llenaron de colores, música, flores y banderas. Los alumnos se reconocieron en los símbolos de sus países de origen y descubrieron los de sus compañeros. La comunidad educativa celebró la riqueza de una identidad compartida construida desde múltiples raíces.
Sin embargo, la fiesta no fue el objetivo final, sino la expresión visible de un trabajo que había comenzado mucho antes.
Desde el inicio del curso, cada grupo había investigado un país hispanohablante, su bandera, sus tradiciones y la advocación mariana vinculada a esa nación. El alumnado preparó materiales, elaboró propuestas artísticas y participó en la creación de un gran manto de flores de papel para la tradicional ofrenda floral a la Virgen.
La celebración permitió mostrar públicamente todo ese proceso y abrió la puerta a una nueva fase del proyecto.





















Un recorrido artístico por toda la escuela
A partir de entonces, cada curso comenzó a trabajar sobre la figura de un artista relacionado con el país asignado.
La iniciativa fue creciendo progresivamente hasta convertirse en un gran itinerario artístico que recorría todas las etapas educativas, desde Primaria hasta 4.º de ESO.
En los cursos más pequeños, el arte se convirtió en una herramienta para descubrir emociones, contar historias y despertar la creatividad. En Secundaria, el proyecto adquirió una dimensión más reflexiva, permitiendo al alumnado explorar cuestiones relacionadas con la identidad, la pertenencia y la expresión personal.
Pese a la diversidad de edades y propuestas, todo el trabajo compartía una misma metodología. Primero se observaba la obra. Después se interpretaba y se buscaban significados. Más tarde se generaba diálogo y reflexión. Finalmente, cada grupo creaba una producción propia y la compartía con el resto de la comunidad educativa.
Este proceso permitió desarrollar competencias artísticas, culturales y comunicativas, pero también habilidades relacionadas con la escucha, el respeto y la convivencia.




Cuando los pasillos cuentan historias
El resultado final transformó el colegio en una gran galería multicultural. Los pasillos se llenaron de obras, colores y símbolos que hablaban de países, artistas y tradiciones. Cada creación reflejaba una historia distinta, pero todas compartían un mismo mensaje: la diversidad puede ser un espacio de encuentro.
La exposición permitió visibilizar el trabajo realizado y, al mismo tiempo, generar nuevas conversaciones entre alumnos, familias y docentes. Las obras se convirtieron en puentes capaces de conectar experiencias, emociones y formas distintas de entender el mundo.




Un proyecto de toda la comunidad
Uno de los aspectos más destacados de Pinceladas que nos unen ha sido la implicación de toda la comunidad educativa.
El profesorado participó activamente en el diseño de actividades, la búsqueda de materiales y el acompañamiento de los procesos creativos. El personal de administración y servicios colaboró en la organización y montaje de la exposición. Las familias siguieron de cerca el desarrollo del proyecto y compartieron con orgullo los logros de sus hijos.
A ello se sumó la participación de personas procedentes de países como Perú, México y Ecuador, que acudieron al centro para compartir sus experiencias y acercar sus culturas al alumnado.
Y en todo momento estuvo presente la huella del carisma franciscano que inspira la vida del colegio: una presencia discreta, cercana y constante que convierte la educación en un espacio de cuidado y encuentro.
Una innovación que nace de los valores
El impacto del proyecto se hizo visible en numerosos pequeños gestos. Alumnos que comenzaron a valorar más sus propias raíces culturales. Compañeros que descubrieron nuevas realidades a través del arte. Conversaciones que ayudaron a comprender mejor al otro.
La convivencia sigue siendo un desafío diario, especialmente en contextos sociales complejos. Pero iniciativas como esta demuestran que la educación puede abrir caminos para construir pertenencia y fortalecer los vínculos comunitarios.
Por ello, Escuelas Católicas Castilla y León y la Universidad Europea Miguel de Cervantes reconocieron este trabajo con el Primer Premio de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa 2026, destacando su capacidad para integrar aprendizaje, creatividad, identidad, inclusión y participación de toda la comunidad educativa.
Más allá del reconocimiento recibido, Pinceladas que nos unen representa una forma de entender la educación. Una educación que apuesta por la acogida, el diálogo y la construcción de comunidad. Una educación que utiliza el arte para acercar personas y que encuentra en la diversidad una oportunidad para crecer juntos.
Quien recorra hoy los pasillos del Colegio Virgen Niña encontrará colores, símbolos y obras artísticas. Pero encontrará, sobre todo, una certeza: que la belleza puede convertirse en un lugar de encuentro y que la educación, cuando nace del corazón, tiene la capacidad de unir aquello que parecía distante.

