Roy Páramo: “Me gusta pensar que el objetivo de la educación no es enseñar sino aprender y eso significa que el foco debe estar en el alumno”

Roy Páramo: “Me gusta pensar que el objetivo de la educación no es enseñar sino aprender y eso significa que el foco debe estar en el alumno”

Entrevista al docente Roy Páramo de Llano, coordinador del proyecto Literatours, actividad del Colegio La Milagrosa de Salamanca que obtuvo el tercer premio en el VIII Premio de Buenas Prácticas Docentes de Innovación Educativa de Escuelas Católicas Castilla y León.

¿Qué es lo más destacable del proyecto con el que han sido galardonados?

Hay tres aspectos clave: el carácter colaborativo, ya que se ha trabajado simultáneamente entre tres centros de diferentes provincias; el hecho de que los productos finales hayan sido recursos didácticos elaborados por alumnos y dirigidos a alumnos y, finalmente, su flexibilidad tanto a la hora de replicarse en otros contextos como de ampliarse y seguir creciendo con otros temas y en otros cursos.

¿En qué se diferencia de otras actividades educativas?

Al igual que en otros contextos de metodologías activas, Literatours pone al alumno en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje y le otorga responsabilidades reales y directas sobre el desarrollo del proyecto, el alumno adopta un rol mucho más activo y el uso de las TIC se hace imprescindible. Empoderar al alumno en un escenario controlado es el gran secreto.

¿Qué buscaba enseñar y transmitir a los alumnos?

Por un lado estaban los objetivos curriculares del área de Literatura (contenidos, criterios de evaluación y estándares de aprendizaje evaluables, competencias clave) y, por otro lado, se perseguía crear un escenario donde las soft skills – habilidades sociales, comunicativas, de cooperación – cobrasen especial relevancia. Ser parte de un equipo y asumir la responsabilidad, esfuerzo y compromiso individuales que eso conlleva es una lección para toda la vida; la literatura es el pretexto.

¿Qué ha conseguido y cómo han recibido los alumnos esta actividad?

Juntos, hemos dado respuesta a la pregunta o reto inicial que se le planteó a los alumnos: “Y tú, ¿cómo enseñarías Literatura?”. Partiendo de sus propias propuestas y el uso de herramientas digitales de libre elección, dieron forma a los productos individuales que integraron el producto final. En nuestro caso, un Google Tour Builder que presenta el Modernismo y la Generación del 98.

Al principio, muchos alumnos se mostraron recelosos, desconfiados e incluso pesimistas ante la envergadura de la propuesta. Pero a medida que el proyecto se iba desarrollando e iba cogiendo forma se sintieron progresivamente más seguros y confiados. Al final, lamentaron que el proyecto terminase y las seis semanas hubiesen pasado tan rápido. El hecho de tener un papel activo y una responsabilidad real hacen que se vinculen emocionalmente con el proyecto. La inmensa mayoría reconocía, con satisfacción y orgullo, que trabajar en un proyecto es mucho más duro, pero también más completo y motivador que una clase tradicional.

¿Qué tal fue la acogida por parte de las familias y otros docentes?

Magnífica. Las familias se alegraban al ver a sus hijos tan motivados y pendientes del proyecto, evidenciando la responsabilidad individual adquirida a través de las tareas, plazos y presentaciones. Entre el resto de docentes del claustro el impacto también ha sido muy positivo, pues sirve de acicate para que, cada cual desde su área, también se anime a diseñar proyectos. Por ejemplo, en el caso de uno de los centros participantes se trataba del primer proyecto de ABP que se realizaba y ha despertado tal admiración que hay muchos compañeros que ya están formándose e investigando para poner su propio proyecto en marcha el curso que viene. No hay nada como el ejemplo y compartir las buenas prácticas docentes para demostrar que “sí se puede”.

¿Has encontrado dificultades a la hora de introducir proyectos innovadores en el centro?

En mi caso nunca he tenido ninguna traba sino más bien al contrario; en los Centros Educativos Vicencianos de Hijas de la Caridad se apuesta muy fuerte por la formación continua y la innovación educativa. Su política respalda, alimenta y pone en valor este tipo de prácticas constantemente. Los equipos directivos trabajan en la misma línea y el sustrato es muy fértil para iniciativas como esta.

¿Cuál es tu idea de educación y cómo entiendes el aprendizaje?

Tradicionalmente hemos puesto el acento en el proceso de enseñanza y, por tanto, en la figura del docente. Pero me gusta pensar que el objetivo de la educación no es enseñar sino aprender y eso significa que el foco debe estar en el alumno. Aspectos como la cooperación y la colaboración, el diseño creativo, el buen uso de las TIC, la comunicación o el pensamiento crítico deberían tener mayor protagonismo en las propuestas de trabajo dentro del aula.

¿Cómo sería en tu opinión el maestro ideal?

Supongo que un buen maestro debería ser un modelo a seguir en el mayor número de aspectos posibles; buen comunicador y gestor de emociones, respetuoso, empático, curioso…la lista es interminable, aunque en el fondo quizá sea todo mucho más sencillo y tenga que ver con aquello de “hazlo con pasión o cambia de profesión”. En nuestro ámbito, amar tu trabajo no debería ser una opción. Los alumnos valoran mucho la sinceridad, el respeto y la confianza. A menudo juzgan a sus profesores por cómo son o se comportan y no tanto por lo que dicen.

¿Qué significa innovar en la escuela?

En primer lugar, considero que el término “innovación” comienza a caer en el mal uso peligrosamente. Existe un mercado muy agresivo dispuesto a explotar la innovación en forma de costosos dispositivos, formaciones o métodos. Innovar no es romper con todo lo anterior. Entiendo la innovación en la escuela como el resultado de un proceso de análisis, reflexión e intervención de la realidad educativa para tomar decisiones sobre qué aspectos son más susceptibles de mejora y cómo encarar esos cambios. Es algo que requiere visión y planificación por parte de los equipos directivos. Innovar es “mejorar lo mejorable”.

¿Qué conlleva esa innovación educativa en el docente, en los centros y en los alumnos?

Sobre todo lo demás, conlleva una enorme responsabilidad por parte de los equipos directivos y profesores. No existen las recetas mágicas. Las propuestas de bolsillo y en tres sencillos pasos que tiñen las redes sociales no suelen dar resultado. En primer lugar, los centros deben pararse a pensar en cuáles son sus necesidades, analizarlas y reflexionar sobre qué herramientas pueden contribuir de manera más efectiva a mejorar su situación. En segundo lugar, se deben establecer cauces de formación, recursos y medios para su puesta en marcha. Finalmente, se hace imprescindible un seguimiento o evaluación del proceso para medir el impacto y tomar decisiones a medio y largo plazo. Si buscamos cambios tangibles, las soluciones siempre conllevarán horas de trabajo, planificación y evaluación de las medidas adoptadas. Y los resultados no siempre son inmediatos.

¿La creatividad de la innovación educativa está reñida con el aprendizaje, con la rutina de estudiar y el conocimiento?

La creatividad es un enfoque al servicio del proceso de enseñanza-aprendizaje. El estudio es un conjunto muy complejo de acciones y procesos que van desde la memorización hasta el descubrimiento, pasando por la investigación y la creación. Uno de los bonitos retos que tenemos los docentes es hacer atractivos nuestros recursos y que resulten emocionantes. Muy pocos alumnos renunciarían al esfuerzo si se sienten motivados hacia la tarea que están realizando. La creatividad debería ayudarnos en este camino.

¿Cómo encaja la tecnología en la innovación y los nuevos métodos de enseñanza?

Cuando la tecnología está al servicio de la metodología se convierte en una herramienta fantástica que nos ayuda a optimizar nuestro trabajo, rentabilizar el tiempo y facilitar la colaboración de manera inigualable. Por el contrario, cuando el uso de la tecnología se lleva a cabo por moda o incluso o como gancho para nuevas matrículas se corre el enorme riesgo de desvirtuar su uso. Lo hemos constatado, por ejemplo, con muchas pizarras digitales cuyo es idéntico al de una pared en blanco: servir de lienzo sobre el que proyectar.

¿Puede la tecnología sustituir a los libros de texto?

En muchos casos, la tecnología está sustituyendo el papel, pero no a los libros de texto. El libro electrónico no ha desbancado al libro en papel. Es verdad que asistimos a una transición en cuanto a los soportes por motivos medioambientales, de espacio y tamaño, precio o comodidad; pero creo que la diversidad en el tipo de recursos sigue siendo importante. Los alumnos deben acostumbrarse a manejar diferentes fuentes de información y conocer distintos soportes. Una vez más, en la variedad está la riqueza.

¿Qué papel crees que deben jugar los exámenes?

Los exámenes constituyen una herramienta de evaluación muy válida para determinados objetivos. El problema y la polémica llegan cuando se instaura la dictadura del examen en la que el resto de herramientas de evaluación diagnóstica, formativa y sumativa se dejan de lado. No hay razón para ilegalizar los exámenes pero debemos ser conscientes de que “aprobar no es aprender” y tenerlos en consideración junto a otras herramientas y productos con los que los alumnos demuestran y ponen en valor sus habilidades y conocimientos.

¿Cómo medir mejor el progreso de los alumnos?

Una línea de acción que puede ayudar es aumentar tanto los tipos como los niveles de evaluación. Es decir, incidir en las evaluaciones diagnóstica y formativa frente a la sumativa, por ejemplo; o explotar la coevaluación y la autoevaluación (y no solamente la heteroevaluación). De esta manera se contribuye a un seguimiento más continuo, menos parcial y en el que los alumnos entrenan el pensamiento crítico. Además, a día de hoy existen muchos recursos digitales que pueden ahorrarnos mucho trabajo: el entorno de Google Suite y algunos complementos como CoRubrics o Flubaroo son buenos ejemplos de ello. Finalmente, la variedad en el tipo de herramientas también favorece una visión más completa del rendimiento del alumno: dianas de evaluación, hojas de registros y escalas, rúbricas o el portafolio digital del alumno son algunos de ellos.

Mirando al futuro, ¿cuál es el reto de la educación en la actualidad?

La realidad es siempre poliédrica y sumamente compleja. Por ejemplo, dentro del aula los retos van desde la adquisición de contenidos hasta el desarrollo de las competencias, el fomento del pensamiento crítico y la creatividad, el uso de las nuevas tecnologías, la iniciación a la investigación o la inteligencia emocional. En el plano del profesorado o las políticas de centro también hay diversidad de retos que afrontar: la competencia digital docente, los nuevos entornos de trabajo colaborativo, el desarrollo de proyectos innovadores de centro, la renovación de los planes lingüísticos, el bilingüismo o los proyectos STEAM. En el plano metodológico encontramos frentes como la inclusión de todo tipo de alumnado, la personalización del aprendizaje o las metodologías activas. ¡Casi nada!

Desde los centros católicos, ¿qué podemos aportar de diferente a la innovación educativa?

Hay ciertas metodologías muy afines a muchos valores evangélicos, como por ejemplo el “Aprendizaje – Servicio”. El desarrollo de proyectos en los que se trabaja el currículo pero que, al mismo tiempo, buscan dar respuesta y solución a problemas de corte social y a nivel local. Sin duda, los centros católicos tienen la oportunidad de cristalizar su misión y visión en apuestas a pie de aula con una fuerte repercusión social. Eso es evangelizar de verdad.

¿Cómo cree que están respondiendo nuestros centros de Escuelas Católicas a este cambio de paradigma en la educación?

Se respira mucho optimismo, implicación, trabajo y creatividad. El número de propuestas por parte de profesores o a nivel de centro no disminuye, la formación va calando y transformando la realidad del aula. Las redes sociales, las convocatorias de concursos y premios o los encuentros de formación promueven el intercambio de buenas prácticas y experiencias de éxito. Creo, además, que desde Escuelas Católicas se trabaja de manera muy consciente en esta línea tanto a nivel nacional como autonómico.

Si pudiera cambiar algún aspecto de la educación actual, ¿qué eliminaría, añadiría o transformaría?

Partiendo del lastre que supone tener un modelo educativo que es moneda de cambio en el plano político, sí hay aspectos concretos que deberían ser intervenidos. Somos muchos los que vemos la EBAU como una prueba anacrónica y frívola que no encaja con los nuevos modelos metodológicos que tienen lugar en las aulas. Su sombra es alargada y eso hace que en bachillerato los profesores y alumnos no puedan disfrutar de las mieles de la cultura, la ciencia, el arte o la filosofía y, en su lugar, dediquen casi todo su tiempo a la preparación de la prueba. Resulta doloroso ver que desde los colegios se fomentan y trabajan aspectos de indiscutible relevancia como las habilidades sociales, el trabajo en equipo, la competencia digital o la creatividad y que su valor se diluya a medida que van creciendo para terminar enfrentándose a una prueba memorística que determinará su futuro a la hora de acceder a la educación superior. Es demencial. ¿Por qué no plantear un año de transición con períodos de trabajo a modo de prácticas en empresas y negocios, voluntariado o servicio a la comunidad, por ejemplo? Considero que si la EBAU solo tiene detractores, produce pánico en quienes la sufren y deja fuera tantos aspectos en el perfil del alumno parece justificado repensar su validez.

Dejar Comentario

Comentario (requerido)

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Nombre (requerido)
Email (requerido)