¿Tareas o deberes escolares?

¿Tareas o deberes escolares?
Autor: Leandro Roldán Maza
Secretario Autonómico de Escuelas Católicas Castilla y León

En este primer trimestre del curso escolar estamos viviendo el resurgir de un tema que de vez en cuando sale a la palestra y cuyo consenso aún no se ha logrado y parece lejos el que se pueda encontrar una solución. Me estoy refiriendo a la necesidad o no de los deberes escolares.

Hace ya cuatro años en Francia la asociación de padres de alumnos más grande del país convocó una huelga de deberes escolares puesto que los consideraba inútiles y un factor que aumentaba la desigualdad entre el alumnado.

Para los fines de semana del mes de noviembre también ha habido una convocatoria en España al mismo respecto para mostrar así lo que para algún sector de padres es una situación problemática y que, según dicen, no es eficaz para la mejora del rendimiento académico del alumnado.

No podemos exigir, como norma general, el prescindir de esta tarea diaria del alumno puesto que debe prevalecer la autonomía de los centros y la libertad de cátedra de cada profesor a la hora de decidir cómo reforzar en los alumnos los temas tratados en el aula.

La respuesta a si son necesarios o no los deberes escolares no es nada sencilla y presentaría diferentes matices como si deben ser impuestos en todos los cursos, qué cantidad de deberes y qué tiempo deben ocupar o si los padres deben estar implicados en su realización, etc.

El encargo de deberes ha sido una estrategia desde que existe la enseñanza formal y su innegables objetivos son el desarrollo de habilidades como los hábitos de estudios, alcanzar estrategias de resolución de problemas, reforzar aprendizajes del aula y hacer que el alumno alcance una autonomía personal plena.

En mi opinión, lo prioritario es llegar a una racionalización en la cantidad de deberes, un consenso en el tiempo que deben ocupar semanalmente y tratar de adaptarlos a cada alumno y a cada edad; a un alumno que ya ha adquirido los conceptos, el realizar deberes repetitivos no le va a repercutir en su rendimiento y si un alumno no lo ha adquirido, la práctica repetitiva incorrecta le va a abocar a la frustración, por eso es fundamental que los deberes no sean los mismos para todo el grupo; el profesor debe tener en cuenta a cada alumno individualmente.

La investigación de la OCDE sugiere que hay una correlación positiva entre la realización de los deberes y los niveles de rendimiento académico y el de sus centros. Y que los alumnos que destinan más tiempo a hacer deberes suelen obtener una puntuación más alta en PISA, al igual que sus centros. Pero la OCDE subraya también que “los datos de PISA indican que después de unas cuatro horas de deberes a la semana, el tiempo adicional dedicado a los mismos tiene un impacto insignificante en el rendimiento”.

Mucho se ha hablado también sobre la posición de España en las estadísticas sobre el número de horas semanales que los alumnos dedican a la realización de deberes en casa; Finlandia y Corea del Sur, que son países referencia en Educación, son los que menos deberes mandan para casa, con menos de tres horas por semana. Los alumnos españoles hacen seis horas y media, frente a las casi cinco horas de media del resto de países. Analizando fríamente estos datos vemos que nuestros alumnos pasarían trece minutos más al día haciendo sus deberes, dato que yo me pregunto si realmente es desmesurado.

Otro factor que debería ser tomado en cuenta es la edad de los estudiantes. En varios estudios se ha tratado de analizar la relación entre rendimiento y tiempo dedicado a los deberes sin diferenciar por cursos, los resultados mostraban, en general, que cuanto más tiempo dedican los alumnos a realizar sus deberes, peor es su rendimiento académico, pero cuando se analizó la muestra dividida en niveles educativos los resultados muestran que en el caso de los alumnos más mayores (segundo ciclo de ESO) existe una relación positiva entre ambas variables.

También es cierto que otro de los factores que han sido demostrables es la disminución del aprovechamiento del tiempo dedicado a los deberes desde los últimos cursos de Educación Primaria hasta los últimos de Educación Secundaria. Aun suponiendo que a esta edad los alumnos tienen mayor conocimiento de las técnicas de estudio, de organización personal y de autonomía, durante el periodo de la adolescencia las relaciones sociales prevalecen sobre otros temas como los estudios y la familia lo que hace que desaprovechen más el tiempo que los alumnos más jóvenes.

Es importante también que los profesores no solo prescriban deberes a los alumnos sino que lleven cuenta de su realización y les proporcionen información posterior sobre sus logros para que los alumnos perciban la importancia y utilidad de su implicación y les sirva de guía a la hora de afrontar futuras tareas. Cuanto más elaborada sea la información proporcionada a los alumnos, mejores resultados académicos se derivarán de ella.
La OCDE sugiere, además, que más deberes suponen más desigualdad. Los alumnos socioeconómicamente favorecidos pasan más tiempo haciendo deberes u otras tareas exigidas por sus profesores que los desfavorecidos. Y los primeros tienen más probabilidades que los segundos de contar con entornos favorecedores del estudio, con ambientes familiares más proclives al compromiso con la educación y los colegios.

Parece demostrable la relación existente entre la motivación de los estudiantes y la percepción de la implicación familiar en los deberes escolares. De forma general, los alumnos alcanzan mayores triunfos cuando se encuentran motivados por sus padres, cuando reciben apoyo afectivo y emocional al hacer los deberes y cuando dialogan con ellos sobre la escuela, sobre sus posibles elecciones y sus proyectos de estudio.

Por otro lado, la participación de las familias, más en términos de calidad que de cantidad, resulta esencial para proporcionar los apoyos adecuados para lograr el éxito educativo del alumno. Así, la familia debe promover la autonomía y la autorregulación del aprendizaje, propiciando un clima óptimo de trabajo con tiempos y espacios adecuados para la realización de tareas, sin interferir demasiado en la autonomía del educando para llevar a cabo sus deberes, mostrando interés, orientaciones e indicaciones a los escolares de tal forma que el alumno perciba la preocupación e implicación por los miembros familiares ajenos a la escuela en su trabajo diario.

Para terminar me gustaría hacerme eco de un interesante documento titulado “Oportunidad de los deberes escolares. Sugerencias y orientaciones” que el Consejo Escolar de Castilla y León ha publicado recientemente en el que se hace un repaso del estado de la cuestión basándose en distintos estudios como el Informe Eurídice de 2013 sobre la enseñanza de las matemáticas, el Informe de la OMS de marzo de 2016, la tesis doctoral sobre los deberes escolares en la ESO de José Fco. Amaiama y el estudio del Consejo Escolar de Navarra de 2013 sobre la opinión de los estudiantes. Este documento lanza una serie de orientaciones de carácter general, para el profesorado y para las familias y finalmente aporta una batería de consideraciones más específicas sobre el tema que son de máximo interés y que recomiendo su lectura.

A modo de conclusión, sería importante aprovechar la coyuntura actual sobre el tema de los deberes para plantearse una revisión del mismo. Los centros deben propiciar el diálogo de la comunidad educativa para tender hacia un consenso sobre la necesidad o ausencia de la tarea para casa, qué tipo de tareas significativas se encargan, grado de dificultad, etc, teniendo en cuenta la edad del alumno y la necesidad de refuerzo de cada uno. Asimismo, tener en cuenta las características familiares de cada alumno para poder ofrecer un apoyo extra a aquellas familias que no puedan garantizar un espacio, tiempo o recursos académicos apropiados para realizar los deberes escolares.

Por su parte las familias, lejos de fomentar acciones como convocatoria de huelgas, deben mantener un diálogo abierto con los centros para apoyar la labor educativa del mismo, establecer rutinas diarias y regulares al alumno, motivándole sin participar en exceso en la elaboración de la tarea para contribuir a lograr su autonomía personal y poniendo en conocimiento del profesorado las dificultades familiares particulares que pudieran dificultar estos retos.

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